Ánimo, corazón; fuerza y coraje,
defiende una vez más la luz del puente,
desprecia la ilusión del equipaje,
no ciegues lo importante por lo urgente.
Épocas hay para encender el alma,
confía en el manual de los instintos,
mantén ritmo y compás, guarda la calma,
descifra, sin temor, tus laberintos.
Íntima tu razón, yo la sostengo;
nos puso la ocasión en un combate
donde no hay prisioneros. Vas y vengo
burdamente en la piel, ¡qué disparate!
Ópera y cabaret. Decoraciones.
Útiles ser y estar. Contradicciones.
22.5.26
18.5.26
Alejandra
Tengo una hija hermosa como el cielo
de mi antigua ciudad, en primavera;
sus ojos son la calma y el consuelo;
su vida, la razón de tanta espera.
Tuyo el valor y tuyo el gesto bueno
de un alma incorruptible, la pureza;
tuyo el mirar amable, tan sereno;
la palabra precisa, la entereza.
Llevas la sed de mundos tan distintos,
la tradición de sangre libre y vieja;
conjugas pesadillas, laberintos,
habitas tu estación sin una queja.
Mágica, irreductible salamandra,
certeza de mis huesos, Alejandra.
de mi antigua ciudad, en primavera;
sus ojos son la calma y el consuelo;
su vida, la razón de tanta espera.
Tuyo el valor y tuyo el gesto bueno
de un alma incorruptible, la pureza;
tuyo el mirar amable, tan sereno;
la palabra precisa, la entereza.
Llevas la sed de mundos tan distintos,
la tradición de sangre libre y vieja;
conjugas pesadillas, laberintos,
habitas tu estación sin una queja.
Mágica, irreductible salamandra,
certeza de mis huesos, Alejandra.
13.5.26
La canción del ruiseñor
Somos la sed que el tiempo delimita
sin odio, sin piedad, indiferente;
nunca la noche faltará a la cita,
jamás el río volverá a la fuente.
Sin embargo, tenemos esperanza,
la obsesión de creer que no hay olvido,
la historia y el recuerdo y la venganza,
la urgencia de encontrarnos un sentido.
No somos nada, pero damos todo
con tanta devoción y tanta fe,
que aún con pies de barro, sobre el lodo,
buscamos las razones y el porqué.
¡Qué inútil la canción del ruiseñor,
qué bella su esperanza (y el amor)!
sin odio, sin piedad, indiferente;
nunca la noche faltará a la cita,
jamás el río volverá a la fuente.
Sin embargo, tenemos esperanza,
la obsesión de creer que no hay olvido,
la historia y el recuerdo y la venganza,
la urgencia de encontrarnos un sentido.
No somos nada, pero damos todo
con tanta devoción y tanta fe,
que aún con pies de barro, sobre el lodo,
buscamos las razones y el porqué.
¡Qué inútil la canción del ruiseñor,
qué bella su esperanza (y el amor)!
10.5.26
Mamá
No lamento la ley de nuestras vidas
(uno juega las cartas que le dan),
si son las carcajadas las heridas,
el hambre, a veces, se convierte en pan.
Yo tuve mucho más que mucho menos,
tu sonrisa incendió rabia y tristeza,
tus manos graves y tus ojos buenos
fueron toda la luz y la belleza.
Fuiste leal sin dudas, sin temores;
nadie quebró tu risa ni tu fe.
Tú eras sabor y música y colores,
orgullosa y gentil, siempre de pie.
Ya todo se me escapa y se me va,
pero me quedas tú, siempre, mamá.
(uno juega las cartas que le dan),
si son las carcajadas las heridas,
el hambre, a veces, se convierte en pan.
Yo tuve mucho más que mucho menos,
tu sonrisa incendió rabia y tristeza,
tus manos graves y tus ojos buenos
fueron toda la luz y la belleza.
Fuiste leal sin dudas, sin temores;
nadie quebró tu risa ni tu fe.
Tú eras sabor y música y colores,
orgullosa y gentil, siempre de pie.
Ya todo se me escapa y se me va,
pero me quedas tú, siempre, mamá.
9.5.26
Mi casa
Mi casa no es un muro de ladrillos,
contra la sed lobos y dragones;
mi casa es un jardín lleno de grillos
(la música de intentos y emociones).
Me fui de mi lugar, pero me encuentro
justo en el sitio de una primavera
(que nunca es mía, pero que es mi centro)
que me acompaña siempre y que me espera.
No cultivo el temor a las ventanas,
ya no hay cajones en la casa mía,
me emocionan las tardes simples, vanas,
de carcajadas y melancolía.
Soy hijo del pasado, ya lo sé,
pero soy terco (y es toda mi fe).
contra la sed lobos y dragones;
mi casa es un jardín lleno de grillos
(la música de intentos y emociones).
Me fui de mi lugar, pero me encuentro
justo en el sitio de una primavera
(que nunca es mía, pero que es mi centro)
que me acompaña siempre y que me espera.
No cultivo el temor a las ventanas,
ya no hay cajones en la casa mía,
me emocionan las tardes simples, vanas,
de carcajadas y melancolía.
Soy hijo del pasado, ya lo sé,
pero soy terco (y es toda mi fe).
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