18.5.26

Alejandra

Tengo una hija hermosa como el cielo
de mi antigua ciudad, en primavera;
sus ojos son la calma y el consuelo;
su vida, la razón de tanta espera.
Tuyo el valor y tuyo el gesto bueno
de un alma incorruptible, la pureza;
tuyo el mirar amable, tan sereno;
la palabra precisa, la entereza.
Llevas la sed de mundos tan distintos,
la tradición de sangre libre y vieja;
conjugas pesadillas, laberintos,
habitas tu estación sin una queja.
Mágica, irreductible salamandra,
certeza de mis huesos, Alejandra.

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