Mi casa no es un muro de ladrillos,
contra la sed lobos y dragones;
mi casa es un jardín lleno de grillos
(la música de intentos y emociones).
Me fui de mi lugar, pero me encuentro
justo en el sitio de una primavera
(que nunca es mía, pero que es mi centro)
que me acompaña siempre y que me espera.
No cultivo el temor a las ventanas,
ya no hay cajones en la casa mía,
me emocionan las tardes simples, vanas,
de carcajadas y melancolía.
Soy hijo del pasado, ya lo sé,
pero soy terco (y es toda mi fe).

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