El tiempo es el lugar donde me habito,
lo demás, ilusión, alegorías;
la tierra sucia de placer y el grito
de flor de barro; sangre de mis días.
Lo ajeno es del recuerdo: letra, historia
(ni me ofrece razón ni da consuelo);
después de la existencia, la memoria
conforta mal (como ese dios sin cielo).
Somos polvo, sudor, clavel, derrota,
sin embargo, existimos. Nuestro espacio
lo atravesamos con el ala rota
para incendiar los muebles del palacio.
Nos pisarán los bárbaros la frente.
¿Para qué diablos defender el puente?
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