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22.2.24

Herir la roca

Te he visto amanecer en el trabajo
dando tu savia dulce y generosa,
repartiendo los frutos y el milagro
de pensar, de entender, de herir la roca.
Yo sé que la ignorancia incendia puentes,
que la canalla crece como espuma,
que enero se nos puebla de diciembres
y ansiosos perros ladran a la Luna.
Dan ganas de rendirse, pero no;
duelen las ilusiones y los pies;
al final, la belleza y la razón
tienen motivos, cábalas y fe.
No importa cuánto aúlle la jauría,
tú sigue siendo tú. Sabiduría.

27.1.24

Hasta los huesos

Lo veo atardecer en el asiento
de ese lugar común que somos todos,
se nota que ha vivido hasta los huesos
y esconde dos o tres dientes de lobo.
Tan sólo ayer brillaba su coraza,
devoraba experiencias y paisajes
(lo cuenta, sin apuro, la mirada
repleta de distancias y cadáveres).
Anida obligaciones, deudas, tiempo;
sereno navegante, la marea
que destilan sus formas y sus gestos
es hija del puñal de la conciencia.
Sonríe, perro viejo, dios sin fe,
y apura un sorbo más de su café.

31.12.20

Celebremos

No solo fue desgracias; los caminos
viene y van —lo sabe la memoria—,
si esconden traficantes y asesinos,
también son causa de emoción y gloria.
Solo es estéril lo que nada enseña,
solo es inútil el que nunca aprende;
quien no entendió la fe del santo y seña,
jamás descifrará la voz del duende.
Celebremos la vida, paradoja
de ser para no ser; que en el pantano
—como ese criminal que al bien aloja—
la podredumbre es germen del verano.
Diciembre es la traición del bucanero;
¿la revancha de quién nos guarda enero?