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7.3.24

Yogyakarta

Estoy camino, aroma, plantaciones,
terreno, lluvia, piedras, sangre, barro,
flores, raíces, luz, sembrío, montes,
recolección, lugar, molienda, grano.
Están serenos, esforzados, simples,
amanecidos, entusiastas, limpios,
austeros, claros, generosos, libres,
arroz, bondad, fertilizante, río.
Cómo no agradecer tanta existencia,
tanto de ser y estar, cuántas alegría;
declaran, sin decir, la simple idea
del amor por las cosas de la vida.
Gracias por darnos paz en la batalla;
vivir a plenitud es la muralla.

22.2.24

Herir la roca

Te he visto amanecer en el trabajo
dando tu savia dulce y generosa,
repartiendo los frutos y el milagro
de pensar, de entender, de herir la roca.
Yo sé que la ignorancia incendia puentes,
que la canalla crece como espuma,
que enero se nos puebla de diciembres
y ansiosos perros ladran a la Luna.
Dan ganas de rendirse, pero no;
duelen las ilusiones y los pies;
al final, la belleza y la razón
tienen motivos, cábalas y fe.
No importa cuánto aúlle la jauría,
tú sigue siendo tú. Sabiduría.

27.1.24

Hasta los huesos

Lo veo atardecer en el asiento
de ese lugar común que somos todos,
se nota que ha vivido hasta los huesos
y esconde dos o tres dientes de lobo.
Tan sólo ayer brillaba su coraza,
devoraba experiencias y paisajes
(lo cuenta, sin apuro, la mirada
repleta de distancias y cadáveres).
Anida obligaciones, deudas, tiempo;
sereno navegante, la marea
que destilan sus formas y sus gestos
es hija del puñal de la conciencia.
Sonríe, perro viejo, dios sin fe,
y apura un sorbo más de su café.

1.6.20

Sueño prohibido

Nada importa quién soy, he renunciado
—sin demasiado esfuerzo— a la batalla
del orgullo. Futuro ni pasado
me conmueven, tampoco la medalla.
Dejé mi vanidad en las esquinas
de aquella juventud —a sangre y fuego—;
pues me enseñaron lágrimas y ruinas
más que la cima, la ocasión y el juego.
Me da curiosidad lo que me queda,
ni angustia ni ilusión —ya para qué—,
da vueltas en el aire la moneda
con probabilidades —no con fe—.
¡Gracias por tanto amor! Sueño prohibido
que adormece la pena y el olvido.