Para Alejandra
El tiempo nos corrompe, nos liquida,
nos devuelve a la inercia, la derrota,
se va tragando el zumo de la vida
pacientemente, avaro, gota a gota.
Los incendios de ayer son la ceniza
que agita el viento pálido, cobarde;
la mirada febril que nos hechiza
se deshace en la sombras de la tarde.
Quejarse es no entender; el cuerpo anuncia
y entrega y aproxima y arrebata;
tiene en su amanecer, flor de renuncia;
y en sus besos de miel, piedra que mata.
Sí, somos brisa, lágrima, hasta luego...
Tú, sé feliz. Sé audaz. Abraza el fuego.
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