La niebla tiene sed, tiembla la roca;
la noche es amenaza y es promesa;
los temores son lluvia que nos toca;
los recuerdos, la boca que nos besa.
El sol de ayer ignora nuestros nombres
(pronto atardecerá, pero no importa);
somos (para no ser) todos los hombres,
los sueños y el temor —la vida es corta—.
Hoy, celebramos que el silencio aguarde,
que espere la derrota, que el fracaso
nos obligue a crecer y, que el cobarde
que somos, se permita dar el paso.
Que sepan los que están (tu alma y la mía);
seguimos en la lucha, todavía.
29.12.25
24.12.25
Camino de Damasco
Yo no tuve camino de Damasco;
me sucedió al revés; lleno de dudas,
perdido al viento seco de mis pasos,
quemé la iglesia azul de mis angustias.
Sin embargo sí tuve (tengo) hermanos,
padres que me heredaron sus preguntas,
amigos para triunfos y fracasos,
rabia y deseo, libertad y culpas.
No puedo agradecer por los demás
—que cada quien sabrá lo que le falta,
lo que le sobra, y el veneno, el pan
o el miedo atravesado en su garganta—.
Sí puedo desear, simple y humano,
paz a los buenos, nada a los malvados.
me sucedió al revés; lleno de dudas,
perdido al viento seco de mis pasos,
quemé la iglesia azul de mis angustias.
Sin embargo sí tuve (tengo) hermanos,
padres que me heredaron sus preguntas,
amigos para triunfos y fracasos,
rabia y deseo, libertad y culpas.
No puedo agradecer por los demás
—que cada quien sabrá lo que le falta,
lo que le sobra, y el veneno, el pan
o el miedo atravesado en su garganta—.
Sí puedo desear, simple y humano,
paz a los buenos, nada a los malvados.
20.12.25
La voz del fuego
para Sofía y Stefania
Uno hace lo que puede, concedamos;
los años desorientan las auroras,
las palabras, feroces o impostoras,
trafican la verdad, muerden reclamos.
Pero, a veces, amable, la distancia
se empequeñece, junta sus retazos,
nos regala la miel y la fragancia
de la amistad, del sol, de los abrazos.
¡Qué triste aquel que nunca ha conocido
la lealtad de abismo y de frontera,
los mensajes que anuncian sobre el ruido
la voz cordial, tranquila y verdadera!
En un peñón de ausencias, mudo y ciego,
dos flores son la luz, la voz del fuego.
Uno hace lo que puede, concedamos;
los años desorientan las auroras,
las palabras, feroces o impostoras,
trafican la verdad, muerden reclamos.
Pero, a veces, amable, la distancia
se empequeñece, junta sus retazos,
nos regala la miel y la fragancia
de la amistad, del sol, de los abrazos.
¡Qué triste aquel que nunca ha conocido
la lealtad de abismo y de frontera,
los mensajes que anuncian sobre el ruido
la voz cordial, tranquila y verdadera!
En un peñón de ausencias, mudo y ciego,
dos flores son la luz, la voz del fuego.
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18.12.25
Abraza el fuego
Para Alejandra
El tiempo nos corrompe, nos liquida,
nos devuelve a la inercia, la derrota,
se va tragando el zumo de la vida
pacientemente, avaro, gota a gota.
Los incendios de ayer son la ceniza
que agita el viento pálido, cobarde;
la mirada febril que nos hechiza
se deshace en la sombras de la tarde.
Quejarse es no entender; el cuerpo anuncia
y entrega y aproxima y arrebata;
tiene en su amanecer, flor de renuncia;
y en sus besos de miel, piedra que mata.
Sí, somos brisa, lágrima, hasta luego...
Tú, sé feliz. Sé audaz. Abraza el fuego.
El tiempo nos corrompe, nos liquida,
nos devuelve a la inercia, la derrota,
se va tragando el zumo de la vida
pacientemente, avaro, gota a gota.
Los incendios de ayer son la ceniza
que agita el viento pálido, cobarde;
la mirada febril que nos hechiza
se deshace en la sombras de la tarde.
Quejarse es no entender; el cuerpo anuncia
y entrega y aproxima y arrebata;
tiene en su amanecer, flor de renuncia;
y en sus besos de miel, piedra que mata.
Sí, somos brisa, lágrima, hasta luego...
Tú, sé feliz. Sé audaz. Abraza el fuego.
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